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Relatos que cambian vidas
Cuatro chicos inmigrantes, acogidos en Fundación Cruz Blanca Arahal, participaron en la biblioteca humana organizada por el Ayuntamiento, la Biblioteca Municipal y Fundación Cruz Blanca.
El pasado martes 21 de mayo, se celebró en el patio de la Casa de la Cultura de Arahal (Sevilla), una entrañable actividad organizada por el Ayuntamiento, la Biblioteca Municipal y Fundación Cruz Blanca. La actividad consistió en una Biblioteca Humana, la cual permite hablar con una persona que ha podido sufrir discriminación por ciertos motivos (orientación sexual, religión, enfermedad, color de piel, etc.) como quien está leyendo un libro, pudiendo escuchar su historia de vida y descubrir qué hay detrás de esa etiqueta.
En esta ocasión, fueron cuatro chicos inmigrantes acogidos en Fundación Cruz Blanca Arahal los que participaron: Daouda Gueye (Senegal), Ibrahim Ngapna (Camerún), Issaka Soulene (Burkina Faso) y Hans Mafutamingi Kalondji (República Democrática del Congo). Los cuatro narraron su historia de vida, sus miedos, su ruta migratoria, las razones por las que salieron de su país y sus sueños ahora que están en España.
La Biblioteca Humana tuvo una acogida maravillosa, puesto que asistieron otros usuarios de la entidad, trabajadoras de la Fundación y del Ayuntamiento de Arahal, voluntarias, vecinos y vecinas del pueblo (desde niños/as pequeños/as a personas mayores, todos/as escuchando con atención y emoción las historias de los cuatro “libros humanos”). El patio de la Casa de la Cultura se llenó rápidamente, y se creó un ambiente muy acogedor, en el que los cuatro chicos después de narrar sus historias, propusieron una ronda de preguntas, porque había muchas personas del público que querían saber más.
Se habló de la situación sociopolítica en distintos países de África, de los rumores/bulos que se crean alrededor de las personas migrantes en España, de sus ganas de seguir estudiando y trabajando y muchos temas que dejaron al público con ganas de más.
A continuación, os dejamos uno de los relatos narrados por los chicos, que pide que se dé a conocer para visibilizar y sensibilizar sobre la situación que vive su pueblo y muchos países de África y agradecer a Fundación Cruz Blanca por su acogida y trabajo.
Buenas tardes Señoras y Señores,
Me llamo Issaka Soulene, cumplo mis 33 años en septiembre y soy de Burkina Faso. Muchos de mis amigos me conocen con el nombre de “Sekou”. He estudiado dos años en la universidad de Derecho y tuve que finalizar en 2018 por razones sociales, económicas y familiares. En el día de hoy, cumplo mi séptimo mes aquí en España.
Antes de decir nada, me gustaría agradecer a España por la enorme generosidad al salvar todos los días a las personas migrantes en el mar, y acogerlas en su territorio con todo tipo de cuidados.
Además, me gustaría agradecer a la Fundación Cruz Blanca y todas sus trabajadoras, incluso a aquellas cuyos contratos han terminado y se han marchado; y a aquellas que están presentes o ausentes en esta conferencia, sin olvidar las personas voluntarias que nos ayudan cada día. Me gustaría también agradecer al Ayuntamiento y especialmente a Trini y Argeme, gracias a quienes tuvimos la oportunidad de compartir nuestra historia con ustedes. Que Dios os lo devuelva multiplicado por cien y os bendiga.
También, quiero agradecer a una persona que me ayudó mucho con mis estudios y que lo sigue haciendo (Mari Carmen Álamo).
Finalmente, agradecer a todas las personas que estáis aquí, y, sobre todo, mis agradecimientos a una persona especial que me ha devuelto la fuerza y el coraje para lanzarme en muchos proyectos, que me ha despertado cuando llegué aquí dormido, que me ha recordado que si yo he sido capaz de sobrevivir a los viajes tan difíciles que he realizado, puedo conseguir todo aquí en España si tengo la voluntad. Y yo he sabido escucharla: la coordinadora de Fundación Cruz Blanca (Mercedes Alemán).
Pido perdón por las palabras que voy a utilizar para contar mi historia porque soy un novato en la lengua española; son las palabras que he aprendido en 7 meses.
Cuando estaba en mi país, todo iba bien, no vivía en el exceso ni en el lujo, pero tenía lo necesario para cuidar de mi familia (porque tengo una mujer y dos niños). Había paralizado mis estudios en la universidad por diversas razones y trabajaba en una empresa turca que explotaba minas de oro. Todo el pueblo vivía tranquilo, los jóvenes no tenían problemas económicos porque la mayoría explotaba el oro y todos los trabajos dependían en su mayoría de este ámbito.
Yo personalmente no he venido aquí por la frescura y el coraje, no he venido aquí porque crea que hay dinero o una buena vida, porque yo no había venido antes para conocer todo eso de Europa. NO he elegido venir a España, ha sido Dios quien me ha traído hasta aquí. He tenido que abandonar mi muy querida patria, en busca de la paz, huyendo de la violencia para llegar hasta aquí y poder vivir tranquilo. Pero el comportamiento de ciertas personas hacia nosotros los negros me hace ver que he intentado huir de la violencia pero no lo he conseguido.
Debemos entender que ser negro no es algo malo; es sólo una diferencia de color de piel. Yo no elegí ser negro, fue Dios quien me creó así, y estoy muy orgulloso de serlo porque nací negro, crecí negro y moriré negro.
No he venido aquí con una mala intención, ni para robar, ni para violar, ni agredir, ni quitarle el trabajo a nadie, ni incumplir la ley del país. Quizás, hay negros que han buscado los fenómenos que acabo de citar, pero no somos los mismos. Si tuviese elección, no me habría marchado de mi país, mi madre, mi padre, mis hermanos y hermanas, mi mujer y mis hijos, mis amigos y mi trabajo; para enfrentarme cara a cara a la muerte atravesando fronteras o en manos del mar durante una semana, sin comida y con un frío inimaginable, sin protección e incluso viendo amigos perder la vida en el mar, sólo por intentar llegar a Europa.
Me fui de mi país NO porque hay guerra, sino porque están masacrando a mi pueblo por un grupo llamado HANI (Hombres Armados No Identificados), por razones que realmente ignoramos. Hablamos de guerra cuando dos partes se enfrentan, pero ese no es nuestro caso. Por eso, hablo de masacre. Antes de que esto comenzara, escuchábamos en la televisión y en la radio sobre los secuestros de muchísimas chicas en las escuelas, por parte de estos hombres armados.
Violencia hacia las mujeres, masacre de la población, destrucción de los pueblos, etc. Acudían los domingos a las iglesias o los viernes a las mezquitas para masacrar a las personas que estaban allí rezando. Se llevaban y robaban todo lo que podía serles de utilidad como comida o bienes personales.
Imagínate, tu hija que se levanta por la mañana, preparáis juntos el desayuno, te da un beso y se prepara para ir a clase, y que sin saberlo, ese beso sea un ADIÓS. Imagina a tu mujer, que es como tu mitad. Salís de casa por la mañana y cada uno se va a su trabajo, y que nunca jamás os volvéis a ver.
Imagínate que tu madre, tu padre, tus hermanos, tu mujer y tus hijos, tus amigos o alguien cercano a ti, son asesinados por una bala de un arma de fuego, o torturados delante de ti hasta que muere, o que ves a toda una familia encerrada en una casa ardiendo. O ir por la carretera y ver autobuses ardiendo con los pasajeros a bordo, y a aquellos que intentan escapar del fuego, les disparan o los amenazan para que vuelvan dentro.
Imagínate viviendo una vida estable con tu familia y tu trabajo, y que esta situación llega, y pierdes todo. Esta situación, nosotros los pobres inocentes la hemos vivido en casa e incluso actualmente hay personas que continúan siendo masacradas.
Hace muchos años que esto ocurre en nuestro país. Yo vivía en una zona cercana a la frontera de Ghana, y como su momento para atacarnos era por la noche o por la mañana temprano, nos veíamos obligados a cruzar la frontera hasta Ghana para dormir allí y protegernos, para al día siguiente, volver a trabajar en Burkina Faso.
Me fui de Burkina y pasé una semana en Mali, para después llegar hasta Senegal, donde pasé tres meses. Fue en Senegal donde un amigo albañil con quien yo trabajaba como ayudante, me habló de una persona que preparaba una patera para ir a Europa, y me dijo que vista la situación, si yo quería marcharme, él podría negociar mi pasaje en patera, pero debía tener presente que el viaje por mar no era algo fácil. Yo le respondí que era mejor morir buscando un lugar en paz que quedarme en mi país y morir como un cobarde. Fue en ese momento cuando la idea de llegar a Europa se metió en mi cabeza: sabía que quería llegar a Europa pero no conocía a qué país de Europa íbamos. No hice preguntas, tenía un objetivo: encontrar un lugar en el que poder vivir, en el que poder dormir al menos 2 o 3 días sin escuchar disparos en la calle.
Y un buen día, el 13 de octubre de 2023, el albañil me dijo que su amigo me esperaba para el día siguiente. Así, el 14 de octubre, nos lanzamos al mar para afrontar la muerte durante una semana. Cada día y cada noche fueron muy difíciles, y ese momento para mí fue como el primer viaje de los vikingos: lanzándonos al mar a conquistar un nuevo territorio sin saber a qué íbamos a enfrentarnos o qué íbamos a encontrar.
Tres o cuatro días después, la desesperación comenzó a reinar en la cabeza de cada uno. Había personas que tuvimos que atar a la patera porque habían perdido el control sobre sí mismos, que decían que debían lanzarse al mar a rescatar a un niño que había en el agua.
El día después, fue mi turno. Mi cabeza vivía en un mundo irreal, y comencé a decir cosas que los otros no entendían. Mi suerte fue tener a mis compañeros conmigo, que comprendieron mi estado y me agarraron hasta que fuimos rescatados por salvamento marítimo, dos días después, para conducirnos hasta Tenerife. Allí, pasamos 4 días, hasta que nos enviaron a aquí, a Arahal.
Esto es un poco de mi historia, que creo que es casi la misma de algunos de mis compañeros aquí, porque hay algunos que vienen de la misma localidad que yo, y que han vivido la misma cotidianidad que yo.
Con todos los traumas que cada uno de nosotros ha sufrido durante toda su historia, ¿qué sería de nosotros sin estas personas aquí, las trabajadoras de Cruz Blanca? Yo califico sus esfuerzos hacia nosotros, como “la reanimación de una persona en coma”. Porque hemos cambiado de continente, y está claro que debemos aprender una nueva cultura, y en este caso, su trabajo consistía en protegernos del frío, asegurarse de que nos portamos bien, llevándonos al hospital turno por turno, que comamos bien (¡cuatro veces al día!), que estemos limpios y que mantengamos limpio nuestro entorno, enseñarnos el idioma y a leer y escribir, acompañarnos a las citas con policía sin importar dónde ni cuándo, etc. Hacen tantas cosas que no puedo ni siquiera terminar de citar. ¿Por qué no reconocerlo y decir de nuevo gracias a estas personas? Y gracias también al pueblo de Arahal, que es muy simpático, acogedor y que siempre está dispuesto a ayudarnos en todo momento que lo necesitamos. Tenéis que saber que nosotros también estamos dispuestos a ayudaros en todo momento que necesitéis.
Actualmente, gracias a Cruz Blanca, voy al colegio de adultos para examinarme educación secundaria, voy también a formación de carpintería, y a los talleres y actividades que se realizan en el centro. Y aprovecharé esta oportunidad para agradecer a mis profesoras y compañeros, y también agradecer a mis profesores de carpintería y soldadura (Javier y Juan).
Debemos saber que hay cosas en la vida que nos dan y que no podemos comprar o devolver: la educación y los conocimientos.
Mi sueño actual es continuar los estudios, obtener diplomas en España, tener un buen trabajo y poder vivir en paz para cuidar de mi familia.
Mis oraciones suplican que la paz vuelva a mi país y a todos los países de África y del Mundo que siguen en guerra, y que Dios bendiga a los españoles y españolas.
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