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Las personas mayores también han de estar presentes en cualquier manera de ocio

06/04/2018

Dentro del programa Somos Sociedad compartimos la siguiente noticia: Con setenta y a lo loco: fiebre de sábado noche en la discoteca Golden de Madrid

No han dado siquiera las siete de la tarde, pero la cola para entrar en el Golden cubre uno de los grandes escaparates de la Gran Vía. Canas, calvas, joyas, trajes, corbatas, zapatos brillantes, algún bastón... Entre los nueve o diez que esperan suman alrededor de setecientos años. Cuando pagan su entrada, casi todos con un descuento que la deja en cinco euros, les entregan dos vales: uno para la consumición y otro para un sorteo que se celebra ya entrada la noche.

En la cola, me miran con insistencia. Sonríen, se apartan creyendo que trato de ver la vitrina que luce a su espalda. "No, no se preocupe, vengo a lo mismo que usted". Me asalta una sensación extraña, la misma que cuando debía engañar al portero y hacerle creer que tenía más de dieciocho. ¿Existe aquí una edad de corte? ¿Podré aparentar sesenta y tantos? Cuando me toca, la dependienta arroja una sonrisa compasiva, como en agradecimiento por venir a bailar con mi abuela. Estamos dentro.

Esta discoteca para ancianos, "sala de baile" la llaman ellos, nace bajo tierra. Tras el último peldaño aparece un salón circular con dos pantallas gigantes y un escenario. A los lados, muchos sillones de cuero negro y mullido.

Necesito un guía, alguien que me integre en esta fiesta del baile agarrado donde los hombres, solemnes, extienden la mano a las señoras sentadas. Lo intento con una mujer de suéter azulón y pantalones oscuros.